lunes, 17 de enero de 2011

CARTAS DESDE SALOU- TARRAGONA

CARTAS DESDE SALAOU


Salou diez de febrero de 2004.

Queridos nietos: Laura, Clara, Pablo, Ignacio, Sergio, Julio Antonio , Aarón y Marta.

Con motivo de mi setenta cumpleaños, quiero, en ésta mi primera carta, haceros un breve relato sobre como he vivido este día de vacaciones, organizadas por el IMSERSO para el Mundo Senior.

Eran la 9,30 de la mañana, cuando en un autobús confortable, lleno de jubilados, salimos de la Estación Sur de Autobuses de Madrid, con destino a Salou, en la Costa Dorada.

La mañana estaba fresca, pero sonrosada. El sol lucía esplendoroso; el aire estaba limpio, lúcido, transparente, diáfano: todo hacía presagiar un tiempo bonancible y grato.

En el kilómetro 117 de la autovía de Barcelona, hicimos la primera parada técnica para tomar café,ir al servicio, pasear un poco, respirando el delicioso aire puro de la mañana, disfrutando del ambiente embalsamado del campo, y de la brisa, que pasaba acariciando la cara,de una manera tierna y suave, cargada de ligeros efluvios vegetales de las hierbas floridas y del olor de la tierra, haciendo la vida mucho más grata.

Mientras el autobús, a prudente velocidad, circulaba por la autovía que recorre la faz de la ancha y espaciosa tierra, el sol entraba a raudales por los cristales. Su monótono y sordo runrún llegaba a los oídos de los viajeros que, unas veces, a media voz, conversaban discretamente; mientras otras, dejaban caer la cabeza sobre su pecho y dormitaban; escuchaban una melodiosa y suave música que el guía programaba; estaban callados o disfrutaban de las amplísimas perspectivas y de la sucesión ininterrumpida de bellísimos paisajes y parajes.

En los distintos tramos del viaje, contemplamos: encinas achaparradas, robles retorcidos, pinos mediterráneos; valles y extensas llanuras, que se extendían hasta el lejano horizonte, pobladas de cereales y árboles frutales, y cuya melancólica belleza, paz profunda y silencio nos impresionaban. En lontananza, a lo lejos, el sol teñía de púrpura los términos lejanos, y la vista disfrutaba al contemplar las ondulaciones de las lomas, colinas y calizas montañas, de dulces y suaves perfiles, con estratos horizontales y surcos profundos producidos por el agua, a veces, rojizos, a veces, ocres y sienas de muchas gamas.

El áspero, árido y accidentado paraje de los Monegros y el extenso bosque de columnas, terminadas en aspas, de un parque eólico, en continuo movimiento, como molinos de viento, también nos impresionaron.

El brillante sol que destacaba en un cielo lejano, de purísimo azul, resbalaba suavemente sobre los campos de trigo, iluminándolos y transparentándolos, aumentando la intensidad y brillantez de sus colores y dibujando su perfil de oro para que destacara con más limpieza sobre el horizonte.

Blancas florecillas silvestres, que semejaban copos de nieve, crecían fuera de los sembrados, en los bordes de la calzada, entre la fresca, verde, espesa y finísima hierba.

Los almendros en flor de color blanco rosado, iluminados por el sol, lucían en las faldas de las montañas con un mágico resplandor, mientras el aire arrancaba sus pequeños pétalos rosados, esparciéndolos por el campo.¡ Qué lindos, qué bellos, qué variados son los campos de España!

En Almunia de Villagodino, almorzamos. El comedor era muy grande, quizás con capacidad para 400 comensales. Nueve autocares con pensionistas procedentes de distintos lugares de España, allí coincidimos y lo llenamos; unos regresaban a sus casas, después de disfrutar del Programa de Vacaciones del IMSERSO, mientras otros ilusionadas íbamos a disfrutarlo. Consumimos las ricas viandas en alegre compañía y conversando.

Al pasar por el río Ebro y la ciudad de Zaragoza, el sol, que no había podido disipar una leve neblina vaporosa y sutil que flotaba aérea sobre los campos, se vislumbraba detrás de un blanquecino toldo cuya luz matizada y tenue difuminaba los términos lejanos.

Llegamos a nuestro destino, cuando el sol poniente penetraba sus chispas rojizas y su claridad violada y fría, entre los huecos de las ramas de los árboles.
Nos instalamos en un acogedor hotel y, con enorme satisfacción, recibimos la llamada telefónica de nuestros hijos Laura y Ana María.

Después de cenar, nos acostamos, recordando las vivencias de aquel primer día de nuestro viaje de vacaciones.


Salou 11 de febrero de 2004.

Queridos nietos:

Nuevamente hoy luce un esplendoroso sol. La temperatura es agradable y el día está radiante.

Después de desayunar, a eso de las diez, el guía nos explicó las normas útiles que, para nuestro gobierno, tiene establecidas el hotel: la cobertura del seguro, las visitas del médico, las excursiones voluntarias…, que, durante nuestro período de vacaciones, podíamos realizar.

Vuestra abuela y yo nos apuntamos a las siguientes: día 11, miércoles, Delta del Ebro; día 12, jueves, Tarragona; día 14, sábado, Barcelona, y día 15, domingo, Monasterio de Poblet.

Terminado este acto, fuimos a conocer la ciudad que, según nos informó el guía, ahora, tenía una población de 20. 000 habitantes, mientras que en verano se aproxima a los 200.000.

Las casas de 4 - 5 plantas tienen una estructura semejante; son de reciente construcción y están bien conservadas. Todo parece indicar que nos encontramos en un centro turístico moderno, de primera categoría.




Pronto llegamos al magnifico paseo marítimo que es uno de los grandes de España y cuenta, entre otras cosas, con amplias avenidas, bares, asientos, muchas y grandes palmeras e instalaciones deportivas.

Por este paseo, iban y venían, en animada charla, grupos de jubilados, disfrutando del suave clima, respirando el aire puro y contemplando la hermosa bahía que se pierde en el horizonte lejano.

Nosotros, acompañados de un matrimonio que vive en Getafe, fuimos caminando y charlando de nuestras experiencias pasadas, de las costumbres y tradiciones de nuestras regiones de origen, tan ricas, tan coloristas, tan variadas.

En el puerto deportivo, donde estaban anclados diversos veleros, charlamos con otro matrimonio de Logroño. El marido, hace unos años, había sufrido un infarto de miocardio del cual, según dijo, le salvaron en la Universidad de Navarra.

En la parada del autobús, que nos llevaría al hotel, nos encontramos con un grupo de gallegos que, hablando en su lengua natal, me preguntaron: ¿ Qué hace aquí un gallego en tierras tan lejanas? Otro contestó: eso no es nada, ya estábamos en la luna cuando allí llegaron los americanos, y, además, cuando lleguen a Marte, sorprendidos verán a una colonia de gallegos que habitan aquellos parajes desde hace muchos años.

Por la tarde, después de comer, fuimos de excursión al Delta del Ebro. No tengo espacio para describir con detalle lo que hemos visto y disfrutado: extensas llanuras de fértiles tierras donde se cultiva el arroz, utilizando métodos modernos; navegación a bordo de un barco por el río Ebro hasta su desembocadura en el Mar Mediterráneo; multitud de gaviotas, cormoranes y otras aves que descansaban a las orillas del mar o volaban, en el cielo azul, rasantes encima de sus aguas; barcos anclados en las orillas del río, esperando la llegada de la noche para salir a pescar las angulas … Todo esto llamó poderosamente nuestra curiosidad y atención.

Antes de cenar, nos llamó por teléfono el tío Amadeo, Javier y Antonio. ¡Qué alegría hablar con la familia, qué satisfacción comprobar que no se olvida de nosotros! Después subimos, un rato, al salón donde se celebra el baile y, seguidamente, nos fuimos a la cama. El día había sido muy intenso y estábamos cansados.


Salou 12 de febrero de 2004.

Queridos nietos:

Nuevamente vamos a disfrutar de un día soleado, brillante y clarísimo, lo que nos satisface enormemente.

A las nueve de la mañana, salimos de excursión a Tarragona, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, por sus restos fenicios, griegos y, sobre todo, romanos.

Antes de entrar en la ciudad, pasamos por la zona industrial donde están ubicadas muchas industrias petroquímicas, y por el puerto, en el que residían anclados grandes petroleros.
Cruzamos el río Francolí que anda escaso de aguas, y después visitamos: restos de la antigua muralla, la Catedral que es la más grande de Cataluña; el Museo Diocesano, el Arqueológico de la ciudad, Circo romano, Anfiteatro, Pretorio y el Balcón del Mediterráneo, desde el cual se contemplan bellas y dilatadas vistas panorámicas.

Por la tarde, fuimos a dar una vuelta por el Paseo Marítimo, el de las Palmeras, donde nos encontramos con un grupo de jubilados cordobeses. Hablamos de la Mezquita, del puente sobre el Guadalquivir, Museo Julio Romero de Torres, Cristo de los Faroles, Barrio Antiguo de la ciudad y de los calores del verano.

En la cena de hoy, nos acompañaron un grupo de jóvenes estudiantes de 16 - 18 años que vinieron a pasar aquí el fin de semana. Eran jóvenes dinámicos, bulliciosos, sonrientes, felices. Fue su presencia, en el comedor, como una ráfaga de juventud que nos animaba y nos recordaba los ya lejanos años de nuestra infancia. ¡Juventud, divino tesoro!

La fiesta de esta noche fue amenizada por un grupo flamenco, compuesto por tres hermosas jóvenes y un joven. Todos eran esbeltos, todo vitalidad. Movían todo su cuerpo, especialmente las manos, los brazos y las piernas, con felinos movimientos, formando increíbles escorzos. Terminaban cada actuación con aire altivo, arrogante y soberbio como hacen algunos toreros el la lidia de los toros.

A continuación de esta actuación, que fue como un baño de juventud y de arte, empezó, como todas las noches, el baile de los jubilados.

Bailaron al son de dulces y melodiosas músicas: melancólicos pasodobles, tangos, boleros y sevillanas, sin olvidarse de los ritmos modernos que ejecutaban con gran destreza y juvenil pujanza, vibrando todo su cuerpo y su alma. ¡Qué inmensa satisfacción e intenso placer se pintaba en sus caras que son como el espejo del alma!

El baile se animaba, el ambiente era festivo y festivos eran los rostros, las sonrisas, la coquetería con que los esposos se contemplaban. ¡Cómo extasiados se miraban, hablando en susurros o cuchicheando, muy juntitos, muy amartelados y acaramelados, dirigiéndose melifluas, cómplices y tiernas sonrisas y embelesadas miradas, siempre atentos a lo que el uno o el otro insinuaba o comentaba!

¡Qué ocurrencias, qué finísima malicia, qué perspicacia, qué gozo tan intenso salía de sus labios, mejillas, ojos y cara !


Salou 13 de febrero de 2004.

Queridos nietos:

Hoy el día ha amanecido con jirones de niebla cansina, tenue, fina, vaporosa y sutil, flotando con una cachaza indiferente sobre los tejados. Pero, pronto el radiante sol la hizo desaparecer.

Al terminar de desayunar, salimos de paseo, visitando lugares de indescriptible belleza: profundos acantilados, unas veces de color crema, otras, de color rojizo anaranjado; calas recoletas de arena fina y dorada; casas esparcidas por las colinas al pie de los acantilados, conviviendo con abundantes y espesos pinares. Fuimos caminando por una estrecha vereda, recreando la vista, sobre pavorosos acantilados que caían a pico sobre las aguas cristalinas del mar, que deshacían sus olas con rumores que llegaban a lo alto como ruidos subterráneos.

Llegamos a un mirador, uno de los lugares más intensamente bellos de estas comarcas, desde donde se goza de amplísimas perspectivas; del ancho y profundo mar que desde la lejanía presenta tonalidades de color verde azulado, en el que el sol refleja su cegadora luz, como en un espejo plateado, y saca radiantes destellos que danzan y brillan como perlas doradas en la superficie del agua.

En la inmensa playa, gozando de la brisa que pasaba tierna y suave, acariciando la piel de la cara, disfrutamos de las olas que avanzaban lentamente, sedantes y arrulladoras como nanas, con sus crestas blanqueadas, hasta besar la arena fina y dorada de la playa.

En este magnifico escenario, grupos de jubilados paseaban en una dirección y en la contraria, hablando tranquilamente, en animada charla, de las cosas de la vida, mientras otros jugaban divertidos con bolas de distintos colores, a la petanca, en la orilla del mar, en la playa Puedo deciros que, en esta época, este paseo y esta playa pertenecen al reino de los jubilados.

Después de recorrer más de 5 kilómetros, llegamos al hotel bastante cansados. Por la tarde, otro paseo por la playa; acompañados del matrimonio de Getafe, charlamos sobre la elaboración y comercialización del aceite, sobre los hijos y nietos, sobre el papel que desempeñan los abuelos en la educación de sus nietos y sobre la atención que hoy se presta a los viejos, cuando ya son muy ancianos o están imposibilitados. Con esto, la tarde se fue lentamente deslizando, mientras por poniente, el cielo azul lavado, iba apareciendo amueblado de pequeñas nubecillas de color azul grisáceo, flotantes, vaporosas, pasajeras, alargadas, como culebrillas, de contornos precisos y bien definidos, y el agua de la bahía se ponía de color estaño fundido, y el sol ponía sobre las aguas un punto de nebulosidad.

Durante la cena, continuo la charla, mientras consumíamos, con buen apetito, ricas y variadas viandas. Como es costumbre en nosotros, en el salón de fiestas, contemplamos a los que bailaban. Jubilados aragoneses y riojanos contaron, como profesionales, excelentes jotas de su tierra, que el público, con sus aplausos agradecía a la vez que seleccionaba a los mejores según la duración de los aplausos que cosechaban. El animador lanzó al público camisetas blancas y soltó globos de distintos colores que navegaban a su antojo por el aire, mientras no los explotaban. Seguidamente, entregó los premios a los ganadores. ¡Con qué inmensa satisfacción recibían los jubilados, de manos del animador, los diplomas de los cantos, del mus, dominó, brisca y petanca que, como ganadores, les acreditaban!

Mañana, sábado, día 14, iremos de excursión a Barcelona, y pasado mañana, al monasterio cisterciense de Santa María de Poblet, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Esperamos disfrutar de ricas y variadas experiencias.

En resumen, estos días de vacaciones, vividos tan intensamente, en mi memoria quedan grabados. Espero, en nuestra casa, recordarlos, dejando que mi imaginación, alimentada por la fantasía, vuele libremente por estas ciudades, playas y montañas, volviendo a vivir mi excitante experiencia pasada.

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